«Beneath The Eyrie» de The Pixies: El camino recorrido y por recorrer

A finales de los años ochenta, una banda oriunda de Boston, Estados Unidos, comenzaba una carrera que marcaría la música desde la modestia de su fama, todo en una época que aún no estaba preparada para el concepto surrealista de los catalogados creadores del rock alternativo, quienes también darían uno de los primeros pasos en el sonido grunge de los noventa.

Recientemente, The Pixies o simplemente Pixies, estrenó su último trabajo titulado «Beneath The Eyrie«, el séptimo álbum de estudio luego de que en 2016 y 2014 lanzaran, «Head Carrier» e «Indie Cindy» respectivamente, dichos álbumes y este último en particular, siguen siendo un tópico de discusión entre los fanáticos y los críticos luego de tantos años en las sombras y posterior al abandono por parte de su icónica bajista Kim Deal. Siempre es difícil para una banda reinventarse sin perder su espíritu característico y más aún, cuando se carga un legado sobre los hombros, pero si algo quedó claro en esta última entrega, es que aún queda Pixies para rato.

Volvamos hasta 1988, bajo el ala de una discográfica independiente, la banda presentaría su álbum debut «Surfer Rosa», si bien en ese momento el inusual sonido de la batería, el coqueteo entre el ruido desesperante, la melodía pegajosa junto las letras sobre mutilación, y la cercanía del vocalista Black Francis con Puerto Rico, no generaría mayor atención por parte de la industria, el público o los charts, pero estaba inspirando a artistas como Billy Corgan, PJ Harvey y en especial a Kurt Cobain, quien tomaría una importante inspiración del álbum para el éxito de Nirvana en «Nevermind». A pesar de esto, años después y en la actualidad, Sufer Rosa y la banda en general, ha sido reconocida por la crítica con la importancia que merece, y es que ahí es donde radica el punto más importante de los Pixies, los estadounidenses vivieron el peak de su carrera años después de haber lanzado su nueva propuesta y más curioso aún, posterior a su quiebre interno.

Al año siguiente su segundo álbum de estudio, más conocido como «Doolittle» llegó para ser probablemente el más característico de la banda, el más comercial también, con canciones como Here Comes Your Man y Monkey Gone To Heaven, que hoy en día siguen vigentes en las radios alrededor del mundo. Black Francis, Kim Deal, Joey Santiago y David Lovering estaban formando algo grande y prometedor, sin embargo, todo eso se vería opacado debido a problemas de jerarquía dentro de la banda. Deal quería poner mucho más de lo que le era permitido, le gustara o no, Charles Kittridge (Black Francis o Frank Black, como se haría llamar en su posterior carrera solista), era el líder de la banda y principal compositor, por lo que los ánimos comenzaron a cambiar en las posteriores producciones, Bossanova (1990) y Trompe Le Monde (1991), en este punto el aporte de Kim era desde mínimo a inexistente, por lo que su ambición musical comenzó a centrarse en un proyecto junto a su hermana gemela llamado The Breeders, logrando un éxito considerable al inicio de los noventas entre toda una escena grunge y shoegaze, en especial para una banda formada por mujeres.

El conjunto se encontraba roto, separado y con sus integrantes haciendo lo suyo, pero la atención tardía que estaba recibiendo su música, el interés de la gente por escucharlos después de casi dos décadas, al igual que la inclusión de «Where Is My Mind?» en el soundtrack de Fight Club en 1999, hicieron que desde 2004 en adelante, la banda comenzara a hacer reuniones, las que se transformaron en giras y giras mundiales, todos pensaban que este era el escenario prometedor para un nuevo álbum, sin embargo, estaba claro que la relación entre Deal y Francis seguía tensa a la hora de volver al estudio. Pasaron los años en esta misma dinámica, hasta que en 2013 se anunció la salida oficial de la bajista, rápidamente reemplazada fue por Kim Shattuck, durando un par de meses antes de que fuera despedida y a su vez reemplazada también por la bajista argentina Paz Lenchantin, quedando como integrante permanente oficial de la banda en esta nueva etapa de los Pixies sin Kim Deal.

El asunto con Indie Cindy y Head Carrier.

Con el ánimo de generar un cambio en el sonido y el efecto que producen 23 años de diferencia, tanto en la evolución musical y personal del artista, se veía venir un álbum como el Indie Cindy, valorado por algunos, totalmente basureado por otros, así llega el ya clásico debate sobre si una banda con el título de clásica debe o no reinventarse, por un lado NME le dio 7/10, por otro Pitchfork 2.5/10, pero se generalizó la idea de conocer a los Pixies por sus primeros álbumes y prácticamente ignorar esta etapa como si se hablara de otra banda, tal vez esto se debe a que todos esperaban un sonido noventero sucio, recibiendo un álbum más personal, conceptual y con incursiones en sonidos más melódicos, así como electrónicos.

Comprendiendo esto, en 2016 llegó Head Carrier, tal vez el intento para volver a lo que solían ser en los noventa y lo lograron certeramente, siendo probablemente el álbum con menos atención de los Pixies, es una mezcla perfecta entre la melodía divertida del Doolittle y la atmósfera surrealista de Bossanova. ¿El problema? El álbum carecía de un single amigable para que sonara en las radios de todo el mundo y supieran que no han perdido su toque.

Finalmente, llegamos hasta Beneath The Eyrie, fue necesario el repaso por la historia para entender cuando los críticos dicen que este es su mejor trabajo post separación, aunque el material ha pasado bastante desapercibido en general, tiene su single estrella «On Graveyard Hill» digno de revivir a la fanaticada con un álbum a punta de un estilo gótico, caótico y desesperado por la vida, la muerte y la religión, inspirando totalmente en el estudio de grabación que eligieron, el cual solía ser una iglesia, ahora adaptada como estudio.

El espíritu underground de la banda realmente nunca los ha abandonado, adelantados a su época, teniendo más éxito en Europa que en su natal Estados Unidos, separándose en el peak de su carrera y volviendo con un álbum que no logró ser comprendido, alimentando así una estigmatización de todo el trabajo que viene después, algo altamente normalizado en bandas tratando de avanzar con las décadas. Hoy existe un antes y un después en la banda, el verdadero desafío es lograr un Doolittle o Surfer Rosa sin necesidad de repetirlo en sonido, sino trabajarlo con los ideales artísticos a los que aspiran actualmente y será la recepción de los fanáticos desarrollándose en los siguientes meses lo que nos dirá cómo le fue a Beneath The Eyrie, ¿Ya lo escuchaste?

Abigail Reyes

Amante de la música, las bandas, sus historias y su impacto.

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