¡Feliz Cumpleaños Lana del Rey! Hablemos del «Lust For Life», su último disco.

Hoy está de cumpleaños Elizabeth Woolrdige Grant: Lana del Rey. Y no podía no escribir sobre ella y su último disco, en una suerte de romántico homenaje, bajo la luna llena, bajo las sábanas de su voz, mientras afuera cae la noche y está el mundo yéndose un poco más a la mierda. Como todas las noches. ¿Cómo hablar de Lana del Rey? ¿Cómo hablar sobre la mujer que intenta hacer una obra de arte con su vida? Plagada de nostálgicas referencias en sus letras, de femme fatales con el corazón plagado de sentimientos románticos, de viejas estrellas de Hollywood en blanco y negro, de lolitas, de caza-millonarios, de gangsters, drogadictos, prostitutas; rodeada de misterios y transformándose con cada canción en una diva atípica.

Recuerdo la primera vez que escuché un tema de Lana, el 2012; fue ahí mismo que sucumbí ante su melancólico, directo y avasallador encanto. Ella decía «Let me kiss you hard in the pouring rain/ You like your girls insane/ Choose your last words/ This is the last time/ Cause you and I/ We were born to die» mientras su figura se enalteció en un trono junto a un tigre. Momento sublime. Maravilloso. Lana del Rey se envuelve pálida bajo el cielo de Born to die que, probablemente, es el nombre que mejor refleja su tónica, ese aire más bien oscuro, melancólico y decepcionado que la rodea por lo que no pudo ser ni será. Ha convertido la tristeza en una marca personal. Y ella misma, más que su música en sí, se ha convertido en una obra capital del postmodernismo y de la música contemporánea y de todo lo que se nos antoje. Lana Del Rey es la personificación de lo antiguo y lo nuevo: un filtro de Instagram viviente cuyo estilo cautiva con su espíritu melancólico.

Su último disco, el «Lust For Life», es un guiño tímido y autorreferencial a la fascinación de su música con los años cincuenta de la cultura americana. Old Hollywood y el amor nefasto hasta el uso intensivo de imágenes de archivo de sus videos musicales. Es una producción impecable, extremadamente evocadora y de composición fina. En este disco Lana sigue desarrollando la personalidad de una chica que tiene especial querencia por cantar sobre gángsters, desamores, dinero, lujos, armas, autos y tiempos pasados de negritud idealizada, el glorioso pasado de norte América, pero que se muestra ahora más amable, en cierta manera redimida y sanada, plasmando su evolución hacia la madurez con sinceridad. La veo más cómoda que nunca con estos tópicos, explotándolos y organizándolos con coherencia cinematográfica, pero sobre todo sabiendo abandonarlos con inusitada madurez y autoconocimiento. Se le ve sonriente en la portada, por primera vez, como si la felicidad la inundara, en una actitud poco habitual ya que ha construido su fenómeno en base a imágenes etéreas, melancólicas e insinuantes, como lo refleja su rostro en la portada de sus tres álbumes anteriores, en los cuales se sentía estancada a mi parecer, y ahora se va sumergiendo en sus profundidades y moldeando su verso canción tras canción para alcanzar su propia felicidad en su propio universo paralelo. Siento que con este disco está cerrando el paréntesis que abrió con su debut en 2012. Elizabeth Woolridge está más cerca que nunca de Lana del Rey en este disco. Pero aunque se muestre vestida de blanco, con flores en el cabello y una enorme sonrisa, ello no implica que sea un disco “alegre”. Aún late al desamor y la decepción de la vida.
«Love», primer sencillo y primera canción del disco se inscribe con un ensoñador sonido con ecos a Julee Cruise. «You’re part of the past, but now you’re the future», bocifera Lana precisamente en el año en que Twin Peaks vuelve a nuestras vidas y siento esta canción como una interminable dilatación de su universo interior, lleno de planetas, colores y océanos empapados de amor. Su voz, proyectada como con un distorsionado eco radiofónico, sigue siendo la protagonista, rodeada por un aura de brillo deslumbrante, que se aleja y emerge a su voluntad. No se aprecia contacto alguno con los instrumentos; Lana los acciona con su magia, con su voz.

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Continua «Lust For Life», la canción que da nombre al disco. Inspirada en Peg Entwistle, actriz frustrada que se suicidó saltando del H del letrero de Hollywood, pero el resultado es perversamente triunfante: una balada al emanador pop postmodernista impecablemente diseñada para las voces doloridas de Lana y The Weeknd. Una fusión de nostalgia y sutil esperanza; si bien perpetúa el imaginario onírico, tiene a su vez un mensaje más optimista que define el espíritu del disco. «Take off, take off/Take off all your clothes», se ofrece como uno de los estribillos más contagiosos del álbum. Aunque para ser sincero, no puedo sacarme de la cabeza a Ewan McGregor corriendo por las calles de Edimburgo mientras suena la canción de Iggy Pop con el mismo nombre. Y por mucho que Lana del Rey haya decidido ponerle el mismo título a su disco, esa mítica escena de Trainspotting me hace eco con esta canción. Pienso en Trainspotting y en la noche, y en esa idea de irrumpir en un lugar y besarse. Dónde aún sales sin destino y conoces gente nueva y las estrellas te acompañan y las estrellas son la voz de Lana y va narrando capítulos que son más bien pequeñas historias como recuerdos nostálgicos que construyen la esencia de un mundo nuevo, en donde copula en perfecta armonía con la voz de The Weeknd formando un solo ser, como una trampa, entre el hip hop y el lenguaje del amor etéreo de Lana, siendo una vía para subvertir el clasicismo. «In a lust for life, in a lust for life/ Keeps us alive, keeps us alive».

 The Weeknd se desvanece en la oscuridad de la noche y Lana vuelve a quedarse sola para «13 Beaches», uno de los mejores temas del disco, volviendo a la base del «Ultraviolence», con toques electrónicos incluidos, más cercanos al trip hop, adquiriendo la sensibilidad cinematográfica que la caracteriza para intensificar su voz de viento sobre los cambios de ritmo que son como sinceros suspiros entre los árboles. Siento a Lana volverse Lizzy Grant a momentos para hablar de su falta de intimidad y el acoso del público, mordiendo esos arreglos de cuerda melodramáticos que tan bien le sientan. «It hurts to love you, but I still love you/ It’s just the way I feel».
«Cherry» quiere retomar una pasada época oscura a través de una base electrónica de trap y ritmos setenteros, amortiguando su letra dolorida como una lengua sonámbula. «Darlin’, darlin’, darlin’/ I fall to pieces when l’m with you». Acercando su hi hats al sonido 808, desvelando con timidez otro de los paisajes de los que se rodea. Le continua «White Mustang» donde Lana le canta a la cocaína y se viste de niña con ganas de peligro, pero todo en un trasfondo de ceremonia, de ritual, casi de oración. «Everybody said you’re a killer, but I/ Couldn’t stop the way I was feelin», tararea lánguida y pausadamente, dentro de su universo atmosférico. En este punto, Lana del Rey se alza como una bitch trap, domando serpientes like a queen, y llega a asustar con su presencia oscura e imponente. «Summer Bummer» trae a bordo a Playboi Carti y A$AP Rocky, donde este último no es capaz de marcharse aún y se queda para acompañarla en «Groupie Love», un poco más cercano al estilo de «Honeymoon», donde ella habla de enamorarse de una estrella de rock e interpreta el papel de fanático adulador que mira a su ídolo tocar la guitarra en el escenario. Es una canción que también es el hogar de uno de los puentes más exquisitamente ejecutados en el registro. La colaboración de A$AP Rocky aporta una fuerza y un sonido particular a la dulce y atmosférica base electrónica, sin abusar de su propio espacio.

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 «In my Feeling» se escribe como la demostración de sanación personal y auto conocimiento de Lana en donde vemos que la niña que le cantaba a su amante que le pegaba y decía que sus golpes se sentían como a besos, ahora es una mujer que desafía a sus novios diciendo «Could it be that I fell for another loser?», pero sin dejar de lado sus tópicos de tristeza: «I’m crying while I’m cummin/ Making love while I’m making good money».
 «Coachella – Woodstock in My Mind» continua el disco con una clara referencia a Led Zeppelin. Inundándonos con un melancólico y trilladísimo “tiempo pasado siempre fue mejor”, en donde habla de Father John Misty y su esposa. Lana tuvo complejos sentimientos acerca de pasar el fin de semana bailando mientras veía las tensiones en el monte Corea del Norte, sintiendo que hay una cuerda floja entre estar atento a todo lo que sucede en el mundo y también tener suficiente espacio y tiempo para apreciar el mundo. Aunque no sorprende que, en la era de Donald Trump, la percepción idealista y casi irreal de Lana sobre su país, que en principio podría verse como una apología a la frivolidad, ha sido dejada de lado por una postura más crítica y cáustica. Realizando un acto político que se inspiró en la coyuntura global. Por primera vez en su discografía, aunque sea de forma superficial, Lana se atreve a tratar temas socio-políticos. En varias ocasiones ha declarado estar del todo descontenta con la presidencia de Donald Trump, y esa victoria del republicano le ha servido de excusa para sacar su lado más patriótico y feminista. «I’d trade it all for a stairway to heaven». “God Bless America – And All The Beautiful Women In It” despierta con una guitarra acompañando la voz de Lana que surca nuestros oídos como un susurro a través del aire, cuyo inicio nos hace creer que nos estamos adentrando en un territorio country o mexicano. Sin embargo, esas opciones se diluyen en el momento en que el estribillo parece ir acompañado de un sonido de disparos junto a la electricidad pop indie y de un leitmotiv portisheadiano. Incluso se da espacio para criticar a su musa favorita, el sueño americano, preguntando: «¿Es el final de Estados Unidos?». Es con detalles como ese con el que recordamos por qué los temas de Lana del Rey son elaborados, muy elaborados. Es una canción política anti Trump y es curioso que al inicio suenen guitarras y trompetas mexicanas, parece una accidentada coincidencia, en donde tenemos la sensación de estar dando vueltas sin rumbo por el mismo gabinete de belleza mágica y frívolas curiosidades, de la misma forma que «When The World Was At War Whe Kept Dancing» 

 Stevie Nicks hace una aparición notable y maravillosa en la agradable «Beautiful People Beautiful Problems», con su voz como un millón de bendiciones, que vuelve con un piano apacible amparada por guitarras delicadas y percusiones orgánicas. La voz de la hechicera de Fleetwood Mac resulta descorazonadora como siempre. Dándole la oportunidad al «Lust For Life» de tocar tierra, lo que situa a una Lana mucho más en una dinámica vintage. Mientras que el hijo de John Lennon aparece en la canción «Tomorrow Never Came» -sesenterismo bondiano puro-, que es una agradable balada pseudo psicodélica. Sonando notablemente como su padre y aportando un esperable pero agradecido toque Beatles a la canción. Sean Ono Lennon y Lana lloran un amor perdido en una canción donde la progresión de acordes y los ganchos son deslumbrantes. Podemos sentir la magia de la vocalista de Fleetwood Mac cuando empieza y la atmósfera del corte con el hijo de John Lennon y Yoko Ono, lo que nos conduce a un territorio desconocido pero apacible que no habíamos visto ni disfrutado con Lana. Y de esta forma damos paso al tridente final compuesto por “Heroin”, “Change” y, sobre todo, “Get Free”. Un viaje introspectivo. Que es el mejor viaje secuenciado de toda su discografía y deja muy buen sabor como desenlace.

Partamos con «Heroin», un oscuro viaje de heroína ambientando en la ciudad de Topanga, reconocido nicho de artistas de California, y en el que se menciona a Mötley Crue. La letra, cargada de antítesis, emula la inquietante placidez de la droga, pero sin olvidarse del mundo real, que nos llegan de forma dura y trágica a través de gritos pulcros, pero rabiosos. Los arreglos de este tema son brillantes, cargado en los tonos bajos que se rompen como nuestros corazones al llegar a su segunda parte. «Change», el único tema 100% acústico. Se sirve de un piano lento e intenso, sobre una segunda voz en falsete susurrado que representa uno de los momentos álgidos del disco y una de las mejores canciones de Lana del Rey a nivel lírico, en donde la vemos cantar con el alma, en la que proclama que estaremos preparados para el cambio, venga de donde quiera que venga. «Change is a powerful thing/ I feel it coming in me». «Get Free» tiene una similitud no tan sutil con los acordes de «Creep» de Radiohead. ¿Inspiración/copia? Quizás en algún momento se pronunciará sobre esto. Puedo entenderlo como homenaje en tanto que la letra de Creep no podría estar más alejada del optimismo con el que se cierra el disco. La letra pasa de querer huir y hacer como que sus problemas no existen a considerar la posibilidad de dar un golpe de timón y, finalmente, verse capaz de hacerlo, aunque no esté aún en ese punto. La voz siempre enigmática de Lana es lo que sigue siendo el elemento más cautivador de su música. Sea como sea, ese “out of the black / into the blue” te transmite ya desde la primera escucha que se va a hacer un hueco entre el top de frases que forman parte de su identidad musical postmoderna como icono de la cultura pop, como el “I heard that you liked the bad girls honey, is that true?”, el “I am fucking crazy, but I am free” o el “love you more than those bitches before”.
Con el «Lust For Life», Lana del Rey mira hacia abajo desde el pedestal que ayudó a construir y abrir al mundo como una persona normal. Más allá de lo político, esta «felicidad» o sanación, demuestra un concepto vitalista. Un interés por aferrarse a la vida y vivir la experiencia y no dejar que las cosas pasen a su alrededor mientras ella está adormecida. Como concluye el disco: “I had to decide to play someone’s game or live my own life”. Y parece que Lana ha tomado una decisión.El Lust For Life es una obra de arte.
Lana es una obra de arte.
No hay más.

Matias Garcia

La música me salvó la vida.

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