Tranquility Base Hotel & Casino: Un viaje a la luna dirigido por Alex Turner

No sabía cómo empezar escribiendo esto. Porque no se me ocurría ninguna introducción lo suficientemente correcta porque por más veces que lo escuchara no sabía qué pensar del disco. Una y otra vez lo escuchaba, lo analizaba, lo reflexionaba. Me leía las letras, intentaba captar la esencia, el alma, la nueva formula y en partes la odiaba. La odiaba porque no la entendía. La escuchada de este nuevo disco a la primera vez es traumática. Es una mezcla de decepción descorazonadora y necesitaba de entender por qué Alex había decidido comandar una especie de salto al vacío. Pensé que había matado a los Arctic Monkeys. Porque venía acostumbrado a los Arctic con los que crecí, a los Arctic del Favourite Worst Nightmare, del Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not  o los Arctic del AM en parte. Pero este disco era distinto. Distinto a todo. Es un disco en el que difumina casi por completo el sonido de Arctic Monkeys utilizando parte de The Last Shadow Puppets como disolvente para acabar protagonizando canciones que bien podría haber firmado Alex en solitario. Maldito Alex. Me sentí traicionado. Hasta que hace un par de días, después de un día de mierda, echado en la cama, medio drogado, decidí darle una nueva oportunidad al disco y me estremecí por completo. Comprendí todo. Y me di cuenta de lo equivocado que estaba al odiarlo por no entenderlo. El maldito Alex me había dado una señal y no había sido capaz de verla. Todo era tan simple. El Tranquility Base Hotel Casino era todo lo que necesitaba.

En fin, cualquiera que haya estado atento a los Arctic y a las noticias respecto a salida de este disco ya conocerá la historia: A Alex Turner le regalaron un piano por su cumpleaños y lo utilizó para componer de forma solitaria, olvidándose de la guitarra. Todo está retratado en el nuevo imaginario de Turner. Un Turner que se encerró en su apartamento de Los Angeles para componer en aislamiento el disco al piano viendo que a la guitarra se le acababan las posibilidades de dar giros tan reconocibles. Ahí, lejos de su zona de confort, embriagado de lucidez, traslada la acción lírica a un universo ficticio en el que el lujo trasnochado se da cita con lo frívolo y con lo futurista. Veo a Turner como un Nick Cave en tonalidades blancas, luciendo ahora un look entre Prefab Sprout y “Corrupción en Miami”. El Tranquility Base Hotel Casino entrega texturas lounge y space pop, soul, jazz y canción de autor. Sin singles claros pero momentos de alta tensión emotiva. Te desconcierta, pero a la vez es admirable en su riesgo estético. Creando atmósferas místicas y crepusculares. Es una obra notable. Porque suena añejo, pero a la vez muy actual. Como si fuesen a formar parte de alguna película de Woody Allen. Con una identidad muy propia. ¿Saben porqué? Porque por primera vez Alex Turner se aleja de las clásicas letras de amor y desamor y se atreve a reflexionar sobre la sociedad actual, las nuevas tecnologías, el neoliberalismo y sus demonios, con muchas referencias a la cultura pop y al espacio. Una reflexión personal sobre la fama, la madurez, la desconexión de los tiempos modernos, las redes sociales y los romances virtuales, el empleo de las distopías (Blade Runner, 1984, Fassbinder) como forma de explicar el presente a través de una deformación del futuro o el sentido general de la vida y el amor hecha con metáforas de ciencia ficción y tópicos de borrachera.

Leí por ahí que Alex Turner ha inventado el croonerismo moderno post-romántico. Y déjenme decirles que no.  No es así.  En el Tranquility Base Hotel Casino las canciones sobreviven al abrigo de una guitarra o un piano. Es una travesía espacial a través de la mente de Alex Turner. Veo a un Submarine, a un Elvis Costello, a un Tom Waits, a un Leonard Cohen, a un Nick Cave en el Alex de ahora, pero bebiendo de su propio yo, lidiando con las derivas de ser una estrella del rock en el siglo XXI. Alex Turner cada año se va volviendo más seguro, siendo capaz de seguir reiniciando sus propias marcas. Porque este disco, situado en el mar de la tranquilidad, en la superficie de la luna, se presenta como un resort decadente que invita al descanso hedonista y culpable, pero que sobre todo busca sumergir al oyente en su densa bruma, la que en el disco intentan provocar los sintetizadores retro. Lo imagino de alguna forma compuesto para una Lana del Rey de los años 70 o para una especie de Frank Sinatra atmosférico y cronerista. Llevó a los Arctic a romper los propios límites del grupo y la imagen creada que tenemos de ellos, con melodías que suenan más a narración, como un susuro, con baterías apagadas por detrás, como si Alex estuviera durmiendo al lado de nosotros, en nuestra cama. Una hermosa oda anti rockstar. En fin, el Tranquility Base Hotel Casino no es fácil de digerir, para nada. Para mí, es un viaje a la luna dirigido por Alex Turner, como capitán y director de una nave espacial, que se dedica a confundirte y enamorarte con sus composiciones, pero que te abraza, te protege y te muestra el camino de retorno. Te amamos, Alex. No mueras nunca. Eres un ser maravilloso.

Matias Garcia

La música me salvó la vida.

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