En la historia de la música moderna existen cientos de discos considerados de culto, clásicos o verdaderas joyas, pero son pocos los que consiguen sostenerse de principio a fin. «Travelling Without Moving», el tercer álbum de Jamiroquai, es uno de ellos: un disco donde el funk, el soul, el acid jazz y el pop se encuentran para construir una de las obras más importantes de la banda.
A pocos días del regreso de Jamiroquai a Chile, el próximo 15 de septiembre en el Claro Arena, vale la pena volver a uno de los discos que terminó por convertir a la banda liderada por Jay Kay en un fenómeno mundial. Porque antes de que sus canciones se transformaran en clásicos, «Travelling Without Moving» ya tenía algo difícil de conseguir: canciones extraordinarias, una identidad propia y un sonido que funciona de principio a fin.
En la historia de la música moderna, por sobre todo en el pop, hay muchos álbumes considerados de culto, clásicos o verdaderas joyas. Discos que marcaron una época, que cambiaron la carrera de un artista o que terminaron convirtiéndose en referencias para generaciones completas. Pero hay algo que no todos pueden decir: que al ponerlos desde el primer segundo hasta el último, la experiencia se mantenga intacta. Que no haya ganas de saltarse una canción. Que todo tenga sentido. Eso es justamente lo que «Travelling Without Moving» provoca.
Publicado en 1996, el tercer álbum de Jamiroquai llegó en un momento en que la banda ya había demostrado que los ritmos y el sonido del acid jazz podía salir de los clubes y llegar a una audiencia mucho más grande. Pero este disco fue un paso todavía mayor. Acá Jamiroquai terminó de encontrar esa fórmula que después se convertiría en una verdadera máquina de hits: bajos protagonistas, baterías precisas, teclados, arreglos llenos de detalles, ritmos bailables y la voz de Jay Kay funcionando como el hilo conductor de todo.
La banda británica armó una fórmula que tímidamente, pero eficaz, se dejó ver en su excelente debut, el álbum «Emergency on Planet Earth» de 1993, siguió con «The Return of the Space Cowboy» en 1994 y encontró su punto álgido en 1996 con «Travelling Without Moving«, haciendo que todo suene tan noventero como actual. El disco puede pasar de un tema como «Virtual Insanity» a «Cosmic Girl», luego a «Alright» o «High Times», y cada canción tiene su propia personalidad sin dejar de sentirse parte del mismo universo.
«Virtual Insanity» terminó convirtiéndose en una de las canciones más reconocibles de la década y su videoclip en un clásico que por años, dejó la duda de cómo fue realizado, pero escuchar Travelling Without Moving solamente por sus grandes singles sería quedarse con una parte muy pequeña de lo que ofrece. Hay una banda completa funcionando detrás de esos éxitos, y especialmente un Stuart Zender que convierte el bajo en uno de los protagonistas absolutos del disco.
Ese bajo es parte del secreto. Jamiroquai entiende que una canción puede ser sofisticada musicalmente y, al mismo tiempo, tremendamente fácil de disfrutar. No necesitas saber de funk, jazz o teoría musical para sentir lo que está pasando. El cuerpo simplemente responde. Pero, no nos quedemos en eso, al escuchar el bajo surfear por notas imposibles y ritmos inagotables, no es casualidad que te preguntes: «¿Cómo lo hace?», esa es la mágica.
Pero el disco tampoco depende únicamente de sus canciones más bailables. Hay momentos donde la banda baja la velocidad, deja espacio a los arreglos y demuestra que también puede construir atmósferas sin perder identidad ni sacarte del ritmo que lleva el disco. Esa variedad hace que el álbum tenga movimiento y evita que el groove termine convirtiéndose en una fórmula repetitiva.
Mientras todo eso ocurre, Jay Kay termina de consolidarse como una figura internacional. Su voz, su manera de interpretar y su presencia visual empiezan a ser inseparables del sonido de la banda. A eso se suma una estética que Jamiroquai ya había comenzado a construir: el logo, los sombreros, los videoclips y una imagen reconocible que convirtió a la agrupación en algo mucho más grande que un conjunto de buenas canciones. La banda logró el «suena como Jamiroquai» .
«Travelling Without Moving» alcanzó el número dos en Reino Unido y permaneció 95 semanas dentro del Top 100. Además, la lista de los Guinness World Records lo reconoce como el álbum de funk más vendido de la historia. No son solamente cifras interesantes: ayudan a entender hasta dónde llegó una banda que unos años antes todavía estaba vinculada principalmente a la escena del acid jazz británico.
Y quizás ahí está la verdadera importancia de este disco. Jamiroquai no abandonó lo que sabía hacer para convertirse en una banda masiva. Hizo que su propio lenguaje fuera masivo y lo logró, te guste o no, es imposible escapar a una canción de la banda y discos como «Travelling Without Moving» construyeron esa identidad.
Más de tres décadas después, muchas de las canciones del álbum siguen apareciendo en los conciertos de Jamiroquai. «Virtual Insanity», «Cosmic Girl» y «Alright» han formado parte de manera recurrente del setlist de la gira 2026, demostrando que este no es solamente un disco importante en la historia de la banda: sigue siendo una de las bases de lo que el público espera escuchar cuando Jamiroquai sube a un escenario.
Por eso, antes de volver a encontrarnos con Jay Kay y compañía el próximo martes 15 de septiembre en el Claro Arena, vale la pena regresar a Travelling Without Moving. No solamente para escuchar sus clásicos, sino para recordar un momento en que Jamiroquai consiguió algo que muy pocas bandas logran: hacer un disco tremendamente popular sin sacrificar su personalidad. Un álbum que se siente completo. Una joya.
El regreso de los británicos a nuestro país contará con los shows de Joy (Anonymous) y Los Tetas como invitados, quienes serán los encargados de preparar el escenario para una jornada llena de funk. Las últimas entradas disponibles se pueden adquirir a través de PuntoTicket.