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Hermanos Ilabaca y “Redamancia”: “No nos podemos olvidar que somos seres humanos y somos sociedad”

Hermanos Ilabaca

Hermanos Ilabaca profundiza en el significado detrás de su última canción “Redamancia”, el nuevo momento creativo que atraviesa el dúo y cómo la música puede transformarse en un acto de reciprocidad y conexión humana.

A través de una conversación por videollamada, Pablo y Felipe Ilabaca hacen un espacio en una agenda que por estos días los tiene recorriendo radios y distintos puntos de México para promocionar “Redamancia”, el nuevo adelanto del próximo disco de Hermanos Ilabaca. Todo esto tras haber sido parte de la multitudinaria presentación de 31 Minutos en el Zócalo de Ciudad de México.

Con más de tres décadas de trayectoria, los hermanos Ilabaca han sido parte de algunos de los proyectos más importantes y creativos de la música chilena. Desde su paso por Chancho en Piedra y su participación en 31 Minutos, hasta la formación de Pillanes junto a los hermanos Durán y Pedropiedra, además de múltiples colaboraciones con artistas nacionales, ambos músicos han construido una carrera marcada por la exploración sonora y la libertad creativa.

Ahora, en una nueva etapa como dúo, Hermanos Ilabaca presenta una propuesta que mezcla soul, rock, reggae y psicodelia. En ese contexto, “Redamancia” se transforma en el punto de partida para una conversación que rápidamente deja de girar únicamente en torno a la música. El miedo, el individualismo, las redes sociales, el rol del arte y la necesidad de volver a conectar con otras personas aparecen constantemente a lo largo de la conversación.

“Redamancia” y la reciprocidad

La palabra apareció antes que la canción. “Redamancia”. Extraña, poco cotidiana y difícil de olvidar. Ahí comenzó parte importante del nuevo sencillo de Hermanos Ilabaca.

“Nos encontramos de frente a frente con la palabra. ‘Redamancia’ es una palabra fuerte, como que no se te olvida”, cuenta Pablo Ilabaca. “No se sabe qué significa y, cuando entendimos su significado, empezamos a escribir una canción acerca de cómo puede existir la redamancia o cuáles son las distintas formas de vivirla”.

El concepto habla sobre la reciprocidad del amor y rápidamente comenzó a expandirse hacia otros espacios más allá de lo afectivo.

“El significado principal tiene que ver con el amor y con la reciprocidad del amor frente a alguien que tú amas y esa persona te ama de la misma forma a ti”.

Hermanos Ilabaca.

Pero esa idea también terminó conectando directamente con la música y el vínculo que ambos mantienen con ella después de décadas de trayectoria en proyectos como Chancho en Piedra, 31 Minutos o Pillanes.

“Después lo traslapamos a la música. Me refiero a la música como madre de la naturaleza, como fuerza de la naturaleza, como algo que hay que respetar siempre, algo que hay que cuidar, algo que hay que trabajar”.

“Y esa redamancia con la música, ese amor que yo le doy a la música, la música después me la va a devolver. Ese es el concepto”.

Incluso el sonido mismo de la palabra terminó marcando parte importante de la composición.

“Tuvimos la suerte de que justo la parte inicial de la canción tenía las mismas sílabas. ‘Re-da-man-cia’. Y dijimos: ‘Ya, aquí está el anillo, aquí está el dedo, pongamos el anillo’”.

Hermanos Ilabaca.

La conversación rápidamente deja de girar únicamente en torno a la música. Felipe comienza a hablar sobre miedo, individualismo y una sensación de desconexión cada vez más presente en las relaciones humanas.

Ahí, “Redamancia” deja de ser sólo una canción sobre reciprocidad amorosa y empieza a transformarse en una reflexión mucho más amplia sobre cómo las personas se relacionan entre sí.

“Yo creo que un síntoma de la sociedad actual es un efecto que se ha exacerbado quizás con una revolución de las redes sociales”, reflexiona. “El culto a la personalidad ya es individual, en tu casa soy yo”.

“Desde haber pasado de la falta de autoestima, nos pasamos ahora a creernos el centro del mundo. ‘Soy yo y yo lo merezco todo’. Pero no le debo nada a nadie y me lo merezco por derecho por haber nacido en este mundo. Y en el fondo es yo, yo, yo”.

“Eso amenaza contra una sociedad sana, porque en realidad se trata de conectar todo el tiempo”.

La reflexión también se mueve hacia el miedo y la manera en que las personas han comenzado a cerrarse emocionalmente.

“Sin duda el mundo está cada vez más así y lo que es peor es que, tanto a nivel global como en lo particular y doméstico, tendemos a asustarnos y a tener tanto miedo que dejamos de abrirnos y nos transformamos en una ostra. Y ahí es más difícil dar”.

Por eso, explica, “Redamancia” también funciona como una invitación a abrirse pese a la incertidumbre.

“La invitación de la canción es precisamente a liberarte, abrirte y entregarlo todo, aunque no tenga garantías de que te lo van a devolver”.

Incluso los pequeños gestos cotidianos aparecen como parte importante de esa idea.

“Ese amor, ese afecto que tú das, esa buena onda, esa sonrisa, ojo, el saludo. ¿Cuánta gente no se saluda? Pasa uno al lado del otro y siente una tensión enorme cuando pasa por al lado una persona”.

“Y hay que romper eso”.

“Y saludar, y aunque no te devuelvan el saludo, no frustrarse, no tiene que ver contigo”.

“No nos podemos olvidar que somos seres humanos y somos sociedad, somos gregarios”.

Felipe Ilabaca.

El espíritu expansivo y psicodélico que atraviesa “Redamancia” también tiene relación directa con el trabajo de producción detrás del nuevo disco. Para esta etapa, Hermanos Ilabaca decidió trabajar junto a Roberto Trujillo, quien asumió un rol central en la construcción sonora del proyecto.

Por primera vez en mucho tiempo, ambos optaron por soltar parte importante del control creativo dentro del estudio y permitir que otra mirada guiara el proceso.

“Es la primera vez que grabamos un disco con él produciendo y nosotros dos sin meternos mucho. Nos costó salirnos un poco de la producción, pero creemos que fue un acierto total”, comenta Pablo.

La decisión, explican, terminó abriendo nuevas posibilidades musicales para el dúo, especialmente al trabajar con alguien que observa el proyecto desde otro contexto y otra realidad musical.

“Las tres piezas que hemos lanzado —‘Venus en Marte’, ‘Señorita’ y ‘Redamancia’— están sonando muy bien. Su mirada, viviendo en otro país, ayuda a tener distintas opciones para solucionar problemáticas musicales”.

El proceso también incluyó el trabajo del ingeniero José Jara, formando un equipo que, según relatan, terminó potenciando distintos aspectos técnicos y artísticos del álbum.

“Roberto es muy meticuloso. Mis guitarras están muy bien editadas ‘humanamente’. Me dice: ‘toca esto’, ‘toca aquí’. Son cositas que quizás yo no me daba cuenta”.

Ese nivel de detalle, aseguran, terminó generando un crecimiento musical dentro del proyecto.

“Hemos crecido musicalmente con él y se nota en la música. Nota 10, promedio 10. No es sólo ‘Redamancia’, es el proceso de un álbum entero; Roberto está a cargo del timón”.

La luz contra la oscuridad

Aunque aclaran que no se trata de un disco conceptual en términos estrictos, los hermanos Ilabaca reconocen que existe una idea que atraviesa gran parte del nuevo material: una tensión constante entre la luz y la oscuridad.

“Sin querer, no es un disco conceptual, pero la conceptualidad que puede tener es la guerra de la luz contra la oscuridad”, reflexiona Pablo.

La reflexión aparece inevitablemente conectada con el contexto actual y con la sensación de incertidumbre que, según explican, atraviesa al mundo. “Creemos que el mundo está mal”. En medio de esa mirada, ambos músicos vuelven a poner sobre la mesa el rol que puede cumplir el arte dentro de una sociedad cada vez más marcada por el miedo, la violencia y la desconexión.

“Me quedó guardado un discurso de Lula da Silva hablando de cómo es posible despertarse y ver un tweet de un líder mundial amenazando con bombas. Lo que está pasando es letal”.

Desde ahí, el nuevo disco también comienza a tomar forma como una respuesta emocional frente al presente.

“Si no nos detenemos a pensar cuál es la labor de los artistas —dar amor, armonía y debate— estamos perdidos. El concepto va por darle luz a los momentos que vivimos”.

Pablo Ilabaca.

Hermanos Ilabaca como nuevo proyecto

Con una trayectoria marcada por proyectos fundamentales dentro de la música chilena como Chancho en Piedra y 31 Minutos, el nacimiento de Hermanos Ilabaca también implicó decidir qué elementos de esa historia musical seguirían presentes dentro de esta nueva etapa.

Para Pablo y Felipe Ilabaca, gran parte de esa identidad aparece de manera natural.

“Por defecto se mantienen los compositores, la guitarra y el bajo”, explican. “También la estilística: los géneros que nos gustan como el funk, rock, soul, R&B y acid jazz”.

A eso se suma una forma particular de enfrentar la creación musical, marcada por la independencia y la libertad artística que ambos desarrollaron durante décadas.

“Mantenemos la actitud rockera de ser independientes y libres al crear, incluso más ahora porque somos una agrupación nueva y tenemos toda una paleta de colores para pintar”.

Esa esencia también se conecta con el espíritu irreverente y desenfadado que históricamente ha acompañado tanto a Chancho en Piedra como a 31 Minutos.

“Mantenemos algo propio tanto de Chancho en Piedra como de 31 Minutos: una mirada desenfadada y bastante irreverente de las cosas. No lo forzamos, somos así”.

Pero junto a esas influencias, el dúo también reconoce una búsqueda nueva dentro de su sonido actual, especialmente ligada a la música latinoamericana y a la mezcla de distintos lenguajes musicales.

“Ahora nos importa mucho el desarrollo del concepto latino; la riqueza de sus ritmos y la fusión con el funk rock en un ‘pastiche psicodélico contemporáneo’”.

Un proceso donde, aseguran, tanto la producción como la ingeniería han sido claves para aterrizar todas esas referencias hacia una propuesta más actual.

“Ahí el productor y el ingeniero ayudan a traducir nuestras influencias a los códigos actuales”.

Después de años siendo parte fundamental de proyectos colectivos, el nacimiento de Hermanos Ilabaca también respondió a una necesidad distinta: explorar una dinámica creativa mucho más íntima y directa entre ambos hermanos.

“El hecho de haber estado siempre en colectivo”, responde Pablo al momento de explicar qué los impulsó a dar este paso.

A diferencia de experiencias anteriores como Chancho en Piedra, 31 Minutos o Pillanes, el dúo les ha permitido trabajar desde una lógica más reducida y enfocada, algo que hoy observan desde la experiencia acumulada tras más de tres décadas de carrera.

“Hermanos Ilabaca es un dúo y tenemos una banda. A estos momentos de nuestra vida, con 50 años y 32 de carrera, hay una cierta sabiduría para visualizar mejor los conceptos y llegar al grano ahorrando tiempo”.

La diferencia, explican, no pasa únicamente por lo musical, sino también por la manera en que se construyen las ideas y se toman decisiones creativas.

“Es muy interesante ser una pareja de creadores y no un colectivo”.

Aun así, aseguran que existe algo que continúa siendo el motor principal detrás de cualquier proyecto en el que participan: la búsqueda constante de melodías capaces de conectar con las personas.

“Siempre nos ha motivado encantar a la gente con buenas melodías; el llamado melódico siempre estará presente”.

Hermanos Ilabaca.

Hace sólo unos días, los hermanos Ilabaca fueron parte de uno de los momentos más multitudinarios y simbólicos en la historia reciente de 31 Minutos: la presentación del proyecto en el Zócalo de Ciudad de México frente a cientos de miles de personas.

Lejos de naturalizar una experiencia de esa magnitud, ambos músicos hablan del momento con asombro y gratitud.

“Somos afortunados de pertenecer al colectivo de 31 Minutos”.

En el caso de Pablo Ilabaca, además, el vínculo con el proyecto también se extiende hacia la composición y dirección musical.

“Soy afortunado de componer música para ellos y ser el director musical”, explica, mientras Felipe agrega que también se siente privilegiado de formar parte de la banda.

Sobre lo vivido en el Zócalo, ambos coinciden en que se trató de una experiencia difícil de dimensionar.

“Fue impactante estar en el corazón histórico de una de las naciones más grandes del planeta con cientos de miles de asistentes”.

Más allá de la magnitud del evento, lo que más rescatan es la conexión emocional generada con el público mexicano durante esa jornada.

“Fue una conexión mágica que con suerte se vive una vez en la vida”.

Pese al enorme alcance que tiene 31 Minutos y al impacto cultural que mantiene hasta hoy, los hermanos Ilabaca aseguran que el cambio hacia un proyecto más autoral como Hermanos Ilabaca ocurre de manera completamente natural.

“Es como innato”, explica Pablo.

Con el paso del tiempo, ambos sienten que proyectos como 31 Minutos o Chancho en Piedra dejaron de pertenecer únicamente a quienes los crearon para transformarse en algo mucho más grande y colectivo.

“31 Minutos es demasiado grande. Pasa como con Chancho en Piedra: son proyectos que ya le pertenecen a la gente”.

Esa sensación, cuentan, se vuelve evidente incluso en pequeños gestos cotidianos relacionados con la permanencia de ambos proyectos en distintas generaciones.

“El otro día vimos un afiche de un tributo a Chancho en Piedra y 31 Minutos en Iquique; ya son músicas que te arrebatan”.

En paralelo, Hermanos Ilabaca aparece como un espacio completamente distinto: un proyecto todavía en construcción y que ambos observan como una nueva oportunidad artística y personal.

“Hermanos Ilabaca es un proyecto de autor que queremos que sea muy popular, por eso estamos trabajando en México”.

La metáfora que utilizan para describir este momento refleja precisamente esa etapa de desarrollo y descubrimiento que atraviesa actualmente el dúo.

“Es un vehículo que estamos recién ‘tapizando’; ya tenemos un disco y vamos por el segundo”.

Pablo agrega: “Es un momento muy bonito porque es una segunda oportunidad para conectar con el arte”.

Hermanos Ilabaca.

México se ha transformado en una pieza fundamental dentro de esta nueva etapa para Hermanos Ilabaca. No sólo por el trabajo de promoción del proyecto o por la recepción que han tenido sus canciones, sino también por el vínculo humano que ambos músicos sienten con el país y su gente.

“Es un pueblo cándido, abierto y muy receptivo”, comenta Felipe. “Son muy proclives a lo chileno, nos lo dicen y lo vemos”.

Con el paso del tiempo, los hermanos Ilabaca han ido construyendo una relación cada vez más cercana con el público mexicano, algo que, según explican, se relaciona directamente con la manera en que el país se conecta culturalmente con el resto del continente.

“Hay algo en la sencillez de los pueblos que hace ‘match’. Es un territorio fértil porque ellos son muy cultos”.

La admiración hacia México aparece constantemente a lo largo de la conversación.

“Te hechizan desde lo gastronómico hasta su resiliencia. Es un pueblo que ha aguantado mucho y son muy dignos”.

Al mismo tiempo, reconocen que en México existe una mirada especialmente positiva hacia la creatividad chilena y las propuestas artísticas provenientes del país.

“Ellos nos ven como un pueblo de guerreros con mucho que ofrecer. Nos ven como especialistas y les sorprenden nuestras propuestas creativas; miran a Chile como un laboratorio de creatividad”.

Y en medio de toda esa conexión, vuelven nuevamente al concepto central detrás de su nueva canción.

“Es algo recíproco. Es ‘redamántico’”.

Al momento de resumir el presente que atraviesan como músicos, los hermanos Ilabaca no hablan de cierres ni de balances definitivos. Al contrario: observan esta etapa como parte de un camino que todavía tiene mucho por delante.

“Yo creo que vamos en la mitad”, dice Pablo.

Después de más de 30 años de carrera, múltiples proyectos fundamentales dentro de la música chilena y una nueva etapa instalada en México, ambos sienten que todavía siguen en pleno proceso de descubrimiento creativo.

“Uno va a tocar hasta los 80 quizás, con suerte. Vamos en la mitad”.

Escucha Redamancia de Hermanos Ilabaca en Spotify:

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