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Festival En Órbita 2026: Almas gemelas

Tras ocho años desde su última edición, En Órbita volvió a Santiago para reencontrar a una audiencia que esperaba una propuesta capaz de moverse entre la experimentación, el rock, la psicodelia y la pista de baile. Durante el 24 y 25 de septiembre, Basel Venue se transformó en el punto de encuentro para sonidos espaciales, guitarras envolventes y una programación que combinó nombres internacionales con exponentes de la escena local.

Por Agustín Tirapegui

Día 1

El primer día comenzó con Dinastía Moon, encargados de romper el hielo con una propuesta marcada por la psicodelia y la experimentación. Mientras los primeros asistentes comenzaban a instalarse en el recinto, la banda fue construyendo progresivamente el ambiente que terminaría por apoderarse de Basel.

Percusiones, guitarras, sintetizadores y diferentes capas sonoras se fueron entrelazando para dar forma a un espectáculo de carácter hipnótico. La combinación entre elementos del rock y texturas electrónicas convirtió el escenario en una primera estación del viaje que proponía el festival.

A medida que avanzaba la presentación, el público comenzó a acercarse al escenario y el recinto adquirió mayor movimiento. La agrupación aprovechó esa cercanía para establecer una conexión directa con los asistentes.

Dinastía Moon – Fotografía por Julio Bustos.

Con Dry Cleaning, la propuesta tomó un giro hacia el post-punk y el spoken word. Los británicos presentó un espectáculo donde la música convivió con una puesta en escena dominada por visuales saturadas, colores intensos y efectos que contrastaban con la sobriedad de los músicos sobre el escenario.

La voz de Florence Shaw, más cercana al relato hablado que a las convenciones tradicionales del canto, volvió a ser uno de los elementos centrales de la presentación. Sus letras, cargadas de observaciones cotidianas, imágenes particulares y situaciones aparentemente inconexas, encontraron un complemento en las guitarras angulares y la base rítmica de la agrupación.

Durante poco más de una hora, Dry Cleaning recorrió un set de 13 canciones, incluyendo material de su más reciente trabajo, “Secret Love”. La banda se mostró cómoda sobre el escenario, dejando que las guitarras y las composiciones construyeran una tensión constante, mientras Shaw mantenía su particular forma de interpretar las canciones.

La interacción con el público también tuvo espacio durante el concierto. Shaw saludó en español y agradeció la recepción de los asistentes, expresando además su alegría por regresar a Santiago.

La despedida cerró una presentación que destacó por su equilibrio entre la crudeza del post-punk y el carácter performático.

Dry Cleaning – Fotografía por Julio Bustos.

Después de aproximadamente media hora de pausa, llegó uno de los momentos más esperados de la jornada. Blonde Redhead regresó a Chile después de 14 años, convirtiéndose en uno de los principales atractivos de esta edición de En Órbita.

Mientras la banda se preparaba para salir al escenario, comenzó a sonar “El derecho de vivir en paz”, de Víctor Jara, generando uno de los momentos más particulares de la noche. Para entonces, la llegada de nuevos asistentes había aumentado considerablemente la densidad del público frente al escenario.

El trío apareció acompañado de visuales hipnóticas y una propuesta que llevó el festival hacia terrenos más atmosféricos. Desde los primeros minutos, la respuesta del público fue inmediata: gritos, saludos y distintas muestras de entusiasmo acompañaron canciones como “Melody Experiment”, “Blood Spille”, “Distilled” y “Kiss Her Kiss Her”.

La interacción entre los músicos y los asistentes fue constante. Los integrantes respondieron a los saludos y agradecieron la recepción, mientras la voz de Kazu Makino aportaba una dimensión íntima a un espectáculo construido sobre capas de guitarras, ruido y melodías envolventes.

El noise y la experimentación sonora adquirieron especial protagonismo durante la presentación. Algunos inconvenientes técnicos interrumpieron brevemente el desarrollo del show, aunque fueron solucionados sobre la marcha sin impedir que la banda retomara el ritmo de la presentación.

Con una propuesta que osciló entre lo etéreo, lo ruidoso y lo íntimo, Blonde Redhead cerró la primera jornada dejando una de las estampas más memorables del festival.

Blonde Redhead – Fotografía por Julio Bustos.

Día 2

Tras una primera jornada marcada por la experimentación y el regreso de nombres internacionales, el segundo día comenzó de manera más pausada. Los asistentes fueron llegando progresivamente a Basel: algunos se dirigieron directamente al escenario, mientras otros aprovecharon los espacios de descanso o la barra antes de comenzar nuevamente el recorrido musical.

Cada melómano parecía prepararse a su manera para una nueva jornada.

Denver fueron los encargados de abrir el segundo día. Después de varios años alejados de los escenarios, el dúo chileno aprovechó su regreso para reencontrarse con una audiencia que respondió con entusiasmo desde los primeros minutos.

Su presentación se movió entre el pop, la electrónica y momentos de mayor intensidad, construyendo una pista de baile que rápidamente comenzó a ganar movimiento. El carácter cercano del show permitió que la conexión con el público se sintiera especialmente directa.

El dúo también se refirió a su regreso a los escenarios y al proceso de volver a ensayar después de un largo período de pausa, generando una respuesta particularmente emotiva entre quienes esperaban volver a verlos en vivo.

Uno de los momentos más particulares llegó cerca de la mitad del espectáculo. Los músicos se sentaron en una esquina del escenario y tomaron guitarras acústicas para interpretar “Que Muere en Invierno”, incorporando elementos de bossa nova y entregando una versión más íntima de la canción.

Tras la interpretación, el dúo preguntó al público por sus impresiones antes de continuar con “Me Voy”, una de las canciones de su nuevo material.

El contraste entre los momentos bailables y esta pausa acústica permitió mostrar distintas facetas de Denver y reforzó el carácter de reencuentro que marcó su presentación.

Dënver – Fotografía por Julio Bustos.

Unos diez minutos después de lo previsto, Beach Fossilstomó el escenario. La banda estadounidense agradeció desde el comienzo la recepción del público y rápidamente encontró una respuesta masiva entre los asistentes.

Apenas sonaron los primeros acordes de “Don’t Fade Away”y “Sugar”, el público comenzó a moverse con mayor intensidad. La conexión fue inmediata y, desde las primeras canciones, quedó claro que el indie rock sería uno de los protagonistas de esta segunda jornada.

En uno de los primeros momentos del concierto, el guitarrista lanzó el setlist hacia el público, un gesto sencillo que reforzó la sensación de cercanía entre la banda y los asistentes.

Las guitarras con efectos espaciales y los riffs envolventes terminaron por transformar Basel en una especie de nave a punto de despegar. En uno de los momentos más llamativos del show, la banda pidió apagar las luces del recinto y que los asistentes levantaran sus teléfonos con las linternas encendidas. El resultado fue una escena de pequeñas luces flotando entre el público mientras la música continuaba avanzando.

El dream po y las guitarras reverberantes dominaron una presentación que también incluyó canciones como “Seconds”, “Sleep Apnea” y “Down the Line”. La respuesta del público convirtió el escenario en uno de los puntos de mayor energía de la jornada.

Con una presentación sólida y una conexión particularmente directa con los asistentes, Beach Fossils terminó consolidándose como uno de los momentos destacados del segundo día.

Beach Fossils – Fotografía por Julio Bustos.

En Órbita volvió a ponerse en movimiento. Y, después de esta edición, queda abierta la pregunta de cuándo volverá a despegar.

Categories: Reseñas
Agustín Tirapegui: Periodista, escribo de música y saco fotos
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