St. Vincent volvió al país junto a la banda para su primer show en solitario; juntos hicieron vibrar al Caupolicán en un concierto que destaca por la intensidad de la cantante y su conexión con un público que quedó más que satisfecho.
Por Rocío Valenzuela
Las expectativas eran altas para el regreso de Annie Clark, la cantante estadounidense más conocida como St. Vincent. Su última visita fue en 2019, en el Lollapalooza, sin su banda. Era otro Chile y también era otra Clark, quien con su último álbum “All Born Screaming” apostó por un sonido mucho más duro y rockero, demostrando una vez más lo camaleónica puede ser.
La tonalidad del concierto siguió la línea de su más reciente y premiado trabajo: un show minimalista, con luces específicas dirigidas a Clark, quien se movió por todo el escenario, jugó con sus compañeros de banda e improvisó unas salidas. Las gráficas simples y el sonido rockero confluyen en un show sólido y efectivo: la atención estuvo en la performance y el talento de St. Vincent.
La vorágine que es St. Vincent
Eran las 21:20 y el Caupolicán se va a negro. Entre gritos comienza a sonar «Reckless». Vestida completa de negro, Clark pisó el escenario y la energía del espacio cambió. Las luces blancas la iluminan mientras los instrumentos musicalizan su performance.
Intensa y lanzando pasos por todo el escenario, le sigue el tema «Fear The Future», y entre gritos, la norteamericana coqueteó con el público, se sacó los guantes y los lanzó a dos afortunados. Se lanzó al piso, y aparecieron manchas blancas en su ropa producto del talco esparcido en todo el escenario, lo que le permitió arrastrarse, tirarse de rodillas y jugar en el piso. Agradeciendo en español, sonrió y acotó: “¡Que guapas y guapos!”.
Es imposible despegar la mirada de la artista, su carisma e impronta teatral hipnotizan. A veces impredecible, continuó el coqueteo, interactuó con su banda y realizó movimientos pélvicos a los guardias mientras recorría, principalmente, sus álbumes «All Born Screaming» y «Masseduction». Aunque entremedio hizo guiños a sus etapas pasadas, con la coreada «Birth In Reverse» y «Pay Your Way in Pain».
Pero, el momento más inolvidable es cuando cantó «New York», ya que se lanzó -literalmente- al público para cantar la canción mientras surfeaba por la cancha, descalza, grabando videos junto a sus fans y riéndose entre coros y una multitud que no la soltó hasta el final y la llevaron de vuelta al guardia que exigía acercar a la artista mientras su banda interpretaba y disfrutaba el espectáculo que se había armado.
Pese a algunos inconvenientes técnicos con el vestuario y micrófono, Clark mantuvo la compostura sin tomarse muy en serio, se rió y continuó su labor, lo que sólo reforzó su conexión con el público. A nivel de sonido, el show fue sólido de principio a fin y no acabó hasta que el público agarró vuelo y coreó con fuerzas “Annie” para una versión más íntima de Candy Darling.
No me olvido de la previa
La antesala a St. Vincent estuvo marcada por presentaciones potentes y únicas en su estilo, que prepararon el terreno para el plato principal.
Pasadas las 19 horas ya se notaba un grupo denso en la cancha del Caupolicán, entre ellos, algunos fans de Chini.png, quienes cantaban los temas de la banda telonera a la espera de la invitada especial de St. Vincent. Estrafalarios y con un setlist sólido que muestra la nueva ola del shoegaze y post punk nacional, fueron el puntapié inicial perfecto mientras el teatro se llenaba cada vez más.
Sin saludar ni despedirse con mucha parafernalia, Kim Gordon llegó con su banda. Sus interacciones se limitaron a agradecimientos, dejando en claro que el foco de su presentación estuvo en The Collective, el último álbum de la ex Sonic Youth donde reafirmó un sonido pesado mientras exploró otros cercanos al trip hop y grime. Y es que una leyenda viva como lo es Gordon no necesitó de grandes introducciones: todos sabemos su lugar.
Incluso St. Vincent, quien en su show le tiró flores y pidió más de una vez aplausos para su compañera de gira. Y eso hizo de la jornada una noche tan especial: tres proyectos femeninos, de distintas generaciones y magnitudes, que recogieron lo mejor de sus nichos para presentar un sonido
