A 25 años de “Bloodflowers” de The Cure: La añoranza de esos veranos

The Cure

Las emociones en The Cure suelen estar muy presentes, tanto en sus discos como en conciertos cargados de catarsis. Bajo esa premisa, y considerando la expectación que rodeaba a la banda a fines de los 90, Robert Smith, tras el masivo éxito de “Wish” (1992) y trabajos previos, dio vida a “Bloodflowers” (2000), disco que cumplió 25 años. El trabajo funcionó como respuesta al caos mediático de la época. No es menor: era el cambio de milenio y el inicio de una nueva era.

Reflexionar y detener el tiempo es algo característico en los ingleses, pero esta vez el enfoque fue distinto. En las eras “Wish” y “Wild Mood Swings” (1996), la banda se encontraba en una etapa más colorida y abierta a nuevos sonidos. Sin embargo, casi diez años después de “Disintegration” (1989), surge este álbum que abre con “Out of This World”, tema que refleja el estado emocional de los músicos en ese momento.

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The Cure.

Los primeros acordes remiten a los periodos más introspectivos de la banda. “Bloodflowers” es muy querido, no solo por evocar otra época, sino por funcionar como una especie de refugio. Sus sonidos afilados y guitarras sombrías envuelven al oyente en un mundo introspectivo, casi protector.

Tanto en lo visual como en lo sonoro, se percibe a un Robert Smith desgarrado. En “Watching Me Fall” relata sentirse cansado, perdido, e incluso capaz de desaparecer. No es casualidad que este álbum sea parte de la famosa trilogía compuesta junto a “Pornography”, “Disintegration”.

El disco transmite ese fin y comienzo de algo nuevo, pero siempre con la nostalgia y los amores pasados que pudieron ser diferentes. Uno de los tracks más recordados es “The Last Day of Summer”, donde Smith asume que ya no tiene 20 ni 30 años, dejando entrever la añoranza de esos veranos a los que quisiera volver, pero también el peso del crecimiento y la duda.

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The Cure.

Por otro lado, esta entrega aborda el perdón y lo que pudo hacerse mejor. También expresa arrepentimiento, dirigiéndose a esa persona especial por la que haría cualquier cosa, como se aprecia en “There Is No If…”. Sin duda, es uno de los discos más intensos y tristes de la agrupación.

Puede que su impacto no haya sido tan potente como el de obras anteriores, pero sigue siendo, por lejos, uno de los trabajos más bellos y abrumadores que la banda ha creado. Cuando faltan abrazos, The Cure siempre está ahí.

La canción que da nombre al disco cierra recordándonos que las flores nunca mueren y que las emociones permanecen.

Agustín Tirapegui

Periodista, escribo de música y saco fotos

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