Yellow Days se presentó por primera vez en Chile con un concierto cargado de emoción, honestidad y una destreza musical que recorrió lo más importante de su discografía. La banda chilena Oye, Elizabeth, fue la encargada de abrir la noche.
La noche de este martes llegó a Chile, por primera vez, George van den Broek, el artista británico detrás de Yellow Days, para presentarse en el Club Chocolate en un concierto lleno de emoción y calidad musical, que contó con la participación de la banda chilena Oye, Elizabeth, como representantes locales.
Tras irrumpir en la escena alternativa en 2016 con su EP «Harmless Melodies», Yellow Days —el nombre artístico de, en ese entonces, un adolescente británico llamado George van den Broek— no habría imaginado la cantidad de adeptos que su propuesta atraería. Su sonido era distinto al que estaban creando los chicos y chicas de su edad encerrados en su dormitorio; su música no mezclaba vaporwave ni se acercaba al pop. Era una música antigua que sonaba extrañamente contemporánea, pero se caracterizaba por su particular voz: potente, grave, profunda y para nada asimilable a alguien de 17 años. Ese fue solo el inicio para que Van den Broek se convirtiera en uno de esos proyectos que “tienes que escuchar” para los amantes de la música y del indie.
Desde ese 2016 vinieron EP y discos de larga duración que reforzarían su propuesta: «Is Everything Okay in Your World?» (2017), «A Day in a Yellow Beat» (2020), «Slow Dance & Romance» e «Inner Peace» (2022) y, finalmente, «Hotel Heaven» (2024). Pasó mucho tiempo para que el británico pisara suelo sudamericano y, especialmente, nuestro país. Y esto sucedió este martes, en el corazón del bullicioso Barrio Bellavista.
El Club Chocolate abrió sus puertas para recibir a la banda local que daría el vamos a la jornada. Oye, Elizabeth se subió al escenario a las 20:00 horas para demostrar su indie rock cargado a los sintetizadores y un sonido onírico cercano al pop; una propuesta interesante que dio la bienvenida a quienes comenzaron a llegar al local ubicado en el Barrio Bellavista. A pesar de presentarse ante un público reducido, la banda lo hizo con energía, dejando todo en el escenario.
Ya a las 21:00 horas, el centro de eventos comenzaba a recibir a una mayor cantidad de público, que se apostaba en la escalera y la pequeña explanada. El show iba a comenzar. Solo unos minutos después de la hora programada, los británicos subieron al escenario de manera cautelosa entre gritos y aplausos. Van den Broek tomó su guitarra y comenzó lo que sería Yellow Days en Chile. La elegida para abrir fue “Intro”, la misma que da comienzo a su EP «Harmless Melodies»: una melodía de guitarra con delays y samples grabados que sirve como carta de presentación ante algo potente a sus espaldas.
Continuó con “Your Hand Holding Mine”, del mismo EP. El británico complacía a sus seguidores recorriendo sus primeros pasajes, esos que lo llevaron a donde está y por los cuales, probablemente, muchos de los asistentes llegaron a su música. Entre guitarras con efectos chorus y delays, y una voz tan potente que impresiona, Van den Broek —vestido con una sudadera blanca y pantalón crema— miraba con cautela al público, concentrado en alcanzar los tonos altos y no fallar en la guitarra. Le siguieron “A Little While” y “The Way Things Change”, todo en un ambiente de luces azules y humo que transportaba perfectamente a un salón antiguo donde una banda de blues lo deja todo en el escenario. Pero no: era Yellow Days, con su sonido tan particular que parece de otra época.
Tras este comienzo, el artista se sacó los zapatos, los dejó a un costado y se dio el tiempo de saludar a quienes estaban en primera fila, dando las manos y agradeciendo su asistencia. Una sonrisa se esbozaba en su cara, quizás por lo mismo «rompió» las reglas y sacó un cigarrillo, el cual luego de encender lo dejó reposar en puente de su guitarra, parecía de otra época.
Continuó con el cover de “Baby I’m for Real”, de The Originals, versionado en su propio estilo, logrando una interpretación perfecta. Los constantes cambios de instrumentos entre los integrantes de la banda también fueron un toque distintivo: Van den Broek pasaba de la guitarra al órgano, del órgano al bajo y del bajo nuevamente a la guitarra, al igual que su guitarrista y bajista, quienes intercambiaban posiciones constantemente.
Siguieron “That Easy” y “People”, ambas del álbum Is Everything Oka y in Your World? (2017). Era casi como si Yellow Days estuviera haciendo un recorrido cronológico por su carrera. Esto cobró sentido cuando las siguientes canciones fueron “I Cannot Believe in Tomorrow” y “California”, del álbum A Day in a Yellow Beat (2020). También hubo tiempo para otro cover: un medley entre un instrumental de Sly & The Family Stone y “Too High”, de Stevie Wonder. Todo esto entre largos momentos de improvisación, donde el británico y su banda demostraron su gran destreza instrumental.
Luego sonaron “Gap in the Clouds” y “The Curse”, canción en la que el artista colabora con Mac DeMarco, probablemente uno de sus referentes musicales. Con un público ya animado que llenaba, aunque no por completo, el Club Chocolate, los gritos de “¡Olé, olé, olé, olé, Yellow Days!” y “¡Vamos, Jorge!” se mezclaban con la timidez del británico, que sonreía sin entender del todo el efusivo recibimiento sudamericano.
El show se encaminó al final con las canciones “Slowly Baked in the Sunshine”, “Oh My God”, “Celebrate You Girl” y “Summer Heat”. Luego, el artista abandonó brevemente el escenario para regresar y ofrecer una última canción, marcada por momentos de improvisación y su voz tan potente como cálida.
La banda terminó el show, colgó sus instrumentos y el artista se tomó el tiempo de volver a saludar a su público, regalar setlists, firmar algunos autógrafos y despedirse. Fue un show de una hora y media cargado de blues, soul, indie rock y lo-fi; una propuesta que nació de un joven de 17 años y que hoy, con 26, ha madurado en sonido y calidad.
Yellow Days sigue siendo el mismo de Harmless Melodies, con su guitarra y voz grave, pero con una madurez que se nota en el escenario, junto a una calidez que conecta. Es un artista que tiene mucho que entregar y un largo camino por recorrer, del cual un regreso a Chile no debería tardar.
El martes por la noche, en un Club Chocolate lleno de luces azules y almas curiosas, Yellow Days dejó una huella. Una de esas que no se graban solo en la memoria auditiva, sino en la emoción de haber visto algo honesto. La voz rasposa, el soul nostálgico, la vulnerabilidad convertida en fuerza: todo convivió en un mismo espacio. Y mientras las últimas notas se desvanecían entre aplausos, quedó claro que George van den Broek no vino solo a tocar canciones: vino a recordarnos por qué la música, cuando es sincera, todavía puede estremecer.