Avenged Sevenfold en el Estadio Bicentenario de La Florida: Un anhelado reencuentro con altas expectativas

Avenged Sevenfold

Este sábado 24 de enero, el Estadio Bicentenario de La Florida fue ese tipo de cita que se siente antes de que suene el primer acorde… Calor de tarde santiaguina, gente entrando a ritmos distintos, y una expectativa que no venía de la moda, sino de la espera, y este cartel lo justificaba.  

Reseña por Claudio Salgado.

Mawiza: volver de gira y abrir con convicción

A esa hora en que el sol todavía se imponía, Mawiza abrió el día con un set breve pero con dirección clara. Y tiene sentido porque llegan con material nuevo bajo el brazo. “Ül” (publicado en julio de 2025) es un disco pensado como “canto”/ritual desde su propio lenguaje, y venían de una reciente gira europea donde lo estuvieron presentando.  

Como músico, lo que más me quedó fue cómo sostienen identidad sin convertirla en eslogan, tienen peso, hay pulso, y hay un trabajo de atmósfera que no depende del “subir el volumen” para funcionar. Además, el contexto reciente los pone en una vitrina poco común para una banda chilena del circuito, en “Ti Inan Paw-Pawkan” colaboran con Joe Duplantier (Gojira), un cruce que no se siente forzado, sino coherente con la estética del proyecto.  

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Mawiza / Créditos: @guilleasalazar

Mr. Bungle: oficio para el caos y dos pausas necesarias

A las 19:30, Mr. Bungle entró con esa mezcla que los hace únicos; precisión, giros inesperados y un humor raro, a ratos incómodo, pero siempre intencional. La formación actual (Patton, Spruance, Dunn, Lombardo e Ian) tiene una lectura más frontal hacia el metal, y se nota en el peso rítmico y en cómo resuelven los cortes.  

Más allá de lo musical, que de por sí fue un recorrido por sus clásicos junto a homenajes, hubieron dos momentos que cambiaron el tono del estadio;

Un minuto de silencio por las víctimas de los incendios, pidiendo energía para quienes están afectados.

Y hacia el cierre, una dedicatoria a las víctimas de trauma ocular del estallido social, con un mensaje directo de conciencia.

No sintiéndose como “interrupciones”; sino recordatorios de que el ruido también puede tener contexto cuando es necesario.

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Mr. Bungle / @guilleasalazar

Avenged Sevenfold: niebla, riesgo y una banda que no vino a repetirse

Ya a las 21:20 y con público que comenzaba a impacientarse por el retraso, el recinto terminó de llenarse. Empezó a bajar la niebla y la entrada con “Game Over” funcionó como apertura narrativa, no solo como primera canción del Setlist. En esta fecha, además, el regreso tenía una capa extra ya que el show venía reprogramado tras la postergación de la gira por un problema vocal de M. Shadows, y eso se sentía en el ambiente como parte del trasfondo del reencuentro.  

Lo interesante fue que Avenged Sevenfold no se paró a “cumplir catálogo”. Están girando en marco de “Life Is But a Dream…”, y el foco en su etapa más experimental se sostuvo con visuales y diseño de luces que acompañaban la idea, y no lo entorpeció.  

El cruce de “Mattel” con “Nobody” dejó claro el punto, que hoy la banda está más preocupada de tensión, texturas y contraste que de repetir fórmulas.

Y aun así, cuando apareció el pasado, pegó donde tenía que pegar. “Afterlife” y “Bat Country” activaron al público sin necesidad de discurso, ahí el mosh salió solo, porque esas canciones ya están en el cuerpo de mucha gente.

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Avenged Sevenfold / @guilleasalazar

La batería como columna vertebral: Brooks sosteniendo el edificio

Desde la mirada de músico, una de las postales de la noche fue Brooks Wackerman: control del tiempo, pegada consistente, y esa sensación de baterista que ordena el escenario sin volverse protagonista por ego. En “The Stage” se notó especialmente porque no es solo tocar “difícil”, es mantener la arquitectura para que el resto respire encima.

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Avenged Sevenfold / @guilleasalazar

“So Far Away”: memoria compartida, sin dramatizar de más

El homenaje a Jimmy “The Rev” en “So Far Away” fue de los momentos más humanos del show. Linternas encendidas, globos blancos al frente, y un estadio que bajó el volumen emocional sin necesidad de exagerarlo. La idea funcionó porque no se sintió como truco, se sintió como comunidad.

Después, con “Save Me” y “Cosmic”, la banda empujó el tramo final hacia un lugar más contemplativo y psicodélico, antes de cerrar con “A Little Piece of Heaven” en clave teatral, como ese cuento oscuro que la banda siempre ha sabido montar sin pedirte que lo tomes literal.

Y entonces, la última ironía de la noche, Sinatra sonando mientras la gente salía. “My Way” quedó menos como música de despedida y más como declaración, esto lo hacemos así.

Avenged Sevenfold con el show de anoche dejó una idea clara, están eligiendo crecer hacia un lado que no siempre es el más cómodo para el público (ni para la industria), y aun así lo sostienen con oficio.

Santiago fue testigo de un retorno esperado, no solo por el tiempo, sino también por lo que hubo que atravesar para volver. Y la sensación que quedó fue esta: crecer también es cambiar de forma. A veces el reencuentro no se trata de repetir el pasado, sino de mirarlo de frente… y seguir.

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Avenged Sevenfold / @guilleasalazar

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