Con un sombrero, lentes, vestido negro transparente que dejaba ver la espada tatuada en su pecho y su increíble actitud, eclipsó de inmediato a la audiencia del Club Chocolate. Aria Wells, más conocida como Greentea Peng, habita y canta desde la misma música. Bañada en luces rojas y acompañada por su banda, comenzó la velada con el envolvente «Bali skit», mientras la audiencia entusiasmada por oír su gran voz, aplaudía.
Por Catalina Banda.
Pero el público ya venía en sintonía y bailando sus cabezas con Hiru, cantante chilena que se encargó de telonear a Greentea Peng. Navegando entre el soul, el rap y el R&B, la vocalista aprovechó la velada para celebrar el primer aniversario de su álbum debut, La Esencia. Visiblemente emocionada por la oportunidad, destacó el trabajo de su equipo para sostener su proyecto independiente, señalando lo complejo que resulta el trayecto sin ese respaldo. Su despliegue escénico resultó impresionante, alcanzando agudos que hipnotizaron a quienes la descubrían por primera vez.
The Seng Seng Family: Un organismo vivo
Lo vivido fue una lección magistral de simbiosis musical. Su banda en vivo, The Seng Seng Family, constituye el sistema nervioso de una artista que experimenta el sonido de forma visceral. La unidad que proyectan los músicos sobre el escenario es absoluta, destacando la sincronía y el ritmo que llevaba Tag Ara en el bajo, Ben McKone en la batería y la precisión de Earbuds en la programación y beats. Los solos de Alex Cosmo Blake en la guitarra transitaron por texturas de blues y rock con una carga profunda de soul, generando una admiración genuina en el recinto. El ensamble completo fluye, sin egos y colectivamente al respirar dub, neo-soul y psicodelia en perfecta armonía.
Mediante un repertorio que recorrió pasajes profundos como «Make Noise», «Spells», «Hu Man» y «Downers», la artista buscó una conexión absoluta con su entorno. Entre canciones, se sacó sus chalas de taco para estar descalza en el escenario. El ambiente sumó cercanía cuando tomó una copa de vino, afirmando al micrófono que estaba muy bueno.
La espiritualidad del evento caminó de la mano con la urgencia del contexto mundial. Desde la audiencia resonaron gritos exigiendo «¡Libertad para Palestina!», motivando una pausa necesaria en la noche del domingo. La cantante tomó el momento para dedicar palabras a las graves crisis y el dolor que atraviesan Palestina, el Congo, Sudán y Cuba, honrando a estos pueblos al dedicarles la intensa interpretación de «It’s a sunny day».
Esta sensibilidad profunda les permite tomar éxitos globales, desacelerar el ritmo original y trasladarlos por completo al terreno de The Seng Seng Family. Su versión slowed down de «Boys» resultó hipnótica. Posteriormente, al interpretar «Natural Blues» de Moby, con ese lamento espiritual, sumergieron a la audiencia en un trance introspectivo. La intensidad de «Tardis» y el cierre vibrante de la jornada con «Dingaling» completaron la experiencia sensorial. Como dice el viejo proverbio que se respira en su arte: «El viaje de mil millas comienza con un solo paso». Su espectáculo ofrece precisamente ese primer paso para reconectar con la realidad y encontrar la paz en medio del caos.
Revisa las postales que dejó el show de Greentea Peng en Chile – Fotografía por Sandra Valdebenito.
