La banda sueca se presentó por primera y última vez en nuestro país con un show en la Sala Metrónomo que los despidió de los escenarios y celebró su legado: el mismo que los convirtió en una de las agrupaciones más vanguardistas y celebradas del hardcore punk, y que demostraron con creces en un concierto cargado de energía, discurso político, riffs avasalladores y una conexión total con el público.
La noche del lunes 3 de noviembre, Refused llegó por primera vez a Chile como parte de su gira de despedida Refused Are F**king Dead, en el marco de la celebración de los 30 años de su álbum icónico The Shape of Punk to Come. La gira incluyó paradas en Brasil, Argentina y, finalmente, nuestro país, cerrando así el adiós de una banda que marcó una época y le dio nuevos aires al género. La jornada estuvo acompañada por la banda local Mano de Obra.
A tan solo unas horas de la apertura de puertas en la Sala Metrónomo, el concierto de Refused colgaba el cartel de Sold Out, y no era para menos: la banda integrada por Dennis Lyxzén, David Sandström, Magnus Flagge y Mattias Bärjed llagaban por primera vez en más de 30 años de carrera con el estatus de banda de culto dentro del hardcore punk. Su única visita también sería la última, esto tras anunciar su separación definitiva al culminar esta gira. El concierto, por tanto, se transformó en una experiencia única, irrepetible y —como era de esperarse— energéticamente caótica.
Las puertas del recinto abrieron antes de las 20:00 horas. Los primeros asistentes, apostados en la calle Ernesto Pinto Lagarrigue, ingresaron para acompañar a Mano de Obra, banda de hardcore chileno con más de diez años en el circuito underground. De tocar en pequeñas tocatas a telonear bandas como Turnstile, su crecimiento ha sido sostenido y su público lo demostró coreando y haciendo mosh durante su presentación. Aunque su sonido mantiene una raíz genérica del hardcore neoyorquino, la banda logró una conexión genuina con la audiencia. Al cierre de su set, el recinto ya estaba al límite de su capacidad.
Pasadas las 21:00 horas, la ansiedad y la expectación se sentían en el aire. Con diez minutos de retraso, los músicos comenzaron a tomar posición y Dennis Lyxzén apareció con el micrófono decorado con los colores de la bandera palestina, la misma que colgaba de uno de los gabinetes del escenario. Desde ese momento, el mensaje político sería una constante a lo largo de la noche. La elegida para abrir el show fue “Poetry Written in Gasoline”, encendiendo de inmediato los ánimos, seguida por “The Shape of Punk to Come”, himno del disco del mismo nombre. Con un sonido claro y potente, y una voz intacta, Lyxzén y compañía demostraron desde el inicio por qué son considerados una de las bandas más influyentes del género.
Tras tocar la coreada “The Refused Party Program”, Dennis dirigió sus primeras palabras al público, agradeciendo su presencia y lamentando no haber venido antes a Chile. Explicó que esta despedida no debía ser vista con tristeza, sino como una celebración del legado que la gente ayudó a construir. Luego de eso, el grupo siguió con temas como “Rather Be Dead” y “Blood Red”, del álbum Songs to Fan the Flames of Discontent, recorriendo gran parte de su discografía, desde sus primeros EPs hasta sus trabajos más recientes.
Con los ánimos arriba, continuó con “Liberation Frequency”, “Summerholidays vs. Punkroutine” y “The Deadly Rhythm”, esta última con un guiño a “Raining Blood” de Slayer, lo que terminó de desatar la euforia total en la sala. El “hardcore vieja escuela” siguió con “Circle” y “Everlasting”, mientras el mensaje político —marca registrada de Refused— se mantuvo firme. Lyxzén aprovechó distintos momentos para hablar sobre los peligros del avance del fascismo, la importancia de defender la democracia, la familia y las convicciones personales, además de reiterar su apoyo a la causa palestina y condenar el genocidio israelí.
Con su característico sarcasmo, Dennis se refirió a su disco más emblemático: “En 1998 hicimos un disco muy malo, pero a la gente le gustó”, dijo entre risas, refiriéndose a The Shape of Punk to Come. A pesar de pequeños errores técnicos, el show se encaminó hacia su clímax con “Life Support Addiction” y “Refused Are Fucking Dead», hasta llegar a “Elektra”, preludio del momento más esperado: “New Noise”. Con el lema Free Palestine proyectado a sus espaldas —nada casual—, ya que la fue una de las más esperadas por el público y la más difundida en redes sociales, es por esto, que el mensaje fue una declaración de principios y un canal para difundir el mensaje de «Palestina Libre», fue así que Refused desató el caos con el riff inmortal que mezcla hardcore, punk, electrónica y jazz. La Sala Metrónomo estalló. Cientos de voces corearon una canción que esperaron décadas para escuchar en vivo. Al finalizar, la pantalla mostró una suerte de epitafio: Umeå Hardcore 1991–2025, marcando simbólicamente el final de una era.
Tras una breve pausa, la banda regresó para cerrar definitivamente con “Tannhäuser / Derivè”, “Coup d’État” y “Pump the Brakes”, despidiéndose con gratitud del público y de los escenarios. Fue un cierre histórico para el hardcore en Chile: un concierto intenso, político y emocional que dejó una mezcla de nostalgia, alegría y pena. La sensación de haber presenciado algo irrepetible, la despedida de una banda que cambió el rumbo del punk moderno y que, tres décadas después, sigue levantando la voz con la misma fuerza que al principio.
Mira algunas de las postales que dejó el concierto de Refused en Chile.
Fotografías por Julio Bustos.
