Tras ocho años de ausencia, este sábado 18 de abril se concretó el esperado regreso de Mac DeMarco en nuestro pais. Con un Teatro Caupolicán completamente lleno, su presentación marcó la primera de dos fechas, ambas con entradas agotadas, confirmando que el fuerte vínculo entre el artista canadiense y el público chileno, sigue más vigente que nunca.
Por Anita Molina
Previo al show principal, la banda nacional María y los Templos fue la encargada de abrir la jornada. Con una propuesta sonora interesante y muy bien ejecutada, el proyecto dio un espectáculo que transitó por el jazz experimental, incorporando elementos del folclore y destacando por una lírica poética y visceral. Liderados por la talentosa María Segú, lograron captar la atención del público desde los primeros minutos, consolidándose como una propuesta sólida dentro de la escena local y preparando el ambiente para lo que vendría después.
A las 21:00 en punto, Mac DeMarco apareció sobre el escenario junto a su banda, desatando una ovación inmediata por parte de todos los asistentes. La reacción del público dejó en evidencia la vigencia del artista y la fidelidad de sus fans.
Como era de esperarse, el show comenzó con Shining, dando paso rápidamente a For the First Time, uno de sus clásicos más coreados, generando una atmósfera íntima que encajó perfectamente con la esencia relajada y honesta del músico.
Desde el inicio, la presentación estuvo marcada por esa mezcla tan característica de psicodelia suave y sencillez que define su sonido. La cercanía de DeMarco con el público fue muy constante: entre canciones, bromeó, improvisó y mantuvo un diálogo espontáneo con su fanaticada. Incluso tras confesar que se encontraba un poco enfermo, logró sostener un espectáculo de alto nivel, demostrando su gran profesionalismo y carisma. Su desempeño vocal se mantuvo sólido, mientras que su actitud en el escenario, con bailes, gestos cómicos e incluso una voltereta, reforzó esa identidad despreocupada y genuina que tanto lo distingue.
El setlist fue variado, recorriendo distintas etapas de su discografía. Canciones como Freaking Out the Neighborhood y Passing Out Pieces encendieron al público, mientras que Ode to Viceroy aportó ese aire mas relax y contagioso que caracteriza su repertorio.
También, hubo espacio para su material más reciente, especialmente de su álbum Guitar, un trabajo minimalista y honesto que reafirma su capacidad de conectar desde lo simple. Esta combinación de clásicos y nuevas composiciones deja en evidencia la evolución artística canadiense, sin perder por supuesto, la esencia que lo ha convertido en un referente del indie.
Uno de los momentos más memorables de la noche llegó con Salad Days. La canción fue coreada a todo pulmón por cientos de fanáticos, generando una esperada energía colectiva que llenó el recinto.
En cuanto al cierre, My Kind of Woman marcó el final de la presentación con una carga nostálgica que envolvió a todo el Caupolican. Fue un cierre emotivo, de esos que recuerdan por qué ciertas canciones, por más veces que se escuchen, siguen provocando sensaciones muy profundas. En ese último tramo, quedó claro que la música de Mac DeMarco trasciende lo casual y logra generar diferentes estados de ánimo, memorias y emociones que permanecen en sus canciones más iconicas.
Más allá de lo musical, el concierto también dejó en evidencia la importancia de la conexión humana sin grandes efectos escénicos, sino más bien, de una experiencia más cercana y auténtica. Esa simplicidad lejos de restar, parece potenciar la propuesta artística y claramente lo vuelve más especial.
Con una segunda fecha programada hoy en el mismo recinto (nuevamente sold out), todo indica que el vínculo entre Mac DeMarco y Chile se mantiene más fuerte que nunca, reafirmando el valor de una propuesta que encuentra en la autenticidad y la simpleza su mayor fortaleza, por sobre lo sobreproducido.